Reirse del mal ajeno
¿Te ries cuando ves caerse a alguien? “Alegrarse” del sufrimiento de los demás o “sentir pena” por sus éxitos, es una sensación universal: se da en todas las culturas.
Podríamos decir que la envidia tiene dos caras: padecimiento por el éxito ajeno y regocijo cuando vemos a la otra persona caer o sufrir. Este regodeo es un sentimiento universal y aunque nuestro léxico carece de términos en los últimos años hemos adoptado el HAPPY SLAPPING británico, que es algo así como “bofetadas felices”, un modo de llamar a las brutales palizas de algunos desaprensivos para grabarlas en su móvil y difundirlas por internet.
En la respuesta ante el mal ajeno hay un factor decisivo y es la opinión mala o buena, que tenemos de la persona que sufre. En estudios recientes de la Universidad de College de Londres se ha demostrado despúes de realizar varias pruebas con técnicas de imágen cerebral que los hombres sienten poca empatía y mayor alegría por la desgracia ajena.
¿Qué nos conduce a la envidia?.
- La percepción que tenemos de nosotros mismos en relación con la imágen que impera en nuestro entorno.
- En la infancia, pulsiones agresivas y de rivalidad no tratadas forjan un carácter con sensación de desamparo.
- El egocéntrico considera al amigo una posesión: no valora sus cualidades, desearía tenerlas él.
- Actitud vital negativa, que se expresa como crítica calumnia o injuria hacia personas mas competitivas.
- Nuestra pulsión a COMPETIR. Cuando perdemos, la envidia es un modo de rendición.
- Inseguridad emocional o sentimiento de inferioridad que nos lleva a ver amenazado nuestro vínculo afectivo con otra persona.
“No hay nada como ser uno mismo y evitar aparentar lo que no se es, conformarse con lo que se tiene y no echarse a la boca lo que uno no puede luego digerir. El desear siempre mas de lo que se tiene cuando no se puede es un sin vivir continuo y utilizar la burla para reirse del sufrimiento ajeno una falta de personalidad”
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