La cruz que todos llevamos a cuesta
HISTORIAS | Chari | 20 Dic 2009 a las 17:47 | Imprimir el post
Cansada, destrozada, amargada y deprimida, me negué rotundamente a seguir cargando con la cruz que me había tocado llevar en esta vida.
Con un grito de desesperación y mirando hacia el cielo dije:
-¡Dios mio ayúdame!, concédeme tan sólo un deseo y te prometo que no volveré a molestarte.
-Dios respondió: ¡dime hijo! ¿en qué puedo yo ayudarte?.
-Pues mira Señor, ya no puedo seguir adelante con esta cruz que me ha tocado, necesito otra que no me pese tanto.
De pronto ante mi apareció una gran puerta en la cual se leía: “Acepta tu cruz”, y Dios me dijo:
-Bien, esta puerta te llevará a elegir la cruz que tu quieras.
Mis ojos se llenaron de entusiasmo, y con curiosidad me apresuré a abrirla. Efectivamente, tenía frente a mi, muchísimas cruces y todas de diferentes tamaños: gigantes, grandes, medianas, pequeñas… y ¡de repente! allí en un rincón encontré una cruz chiquita, chiquitita que incluso costaba verla. Mirando de nuevo hacia el cielo exclamé:
-¡Dios mio!, ¡esa! ¡esa es la que quiero!.
Y cual fue mi sorpresa, cuando Dios me dijo:
-Pero hijo mio, si precisamente esa es la cruz que tu llevas en esta vida.
Entonces fue cuando me desperté y con lágrimas en los ojos y alzando la vista al cielo dije:
-¡Gracias Señor!, mil gracias por la cruz que llevo, la cual acepto con paciencia y resignación.
Reflexión personal: Aun creyéndonos que cargamos con las mayores de las preocupaciones, existe en algún lugar, alguien que sufre en silencio otros males mayores.
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