Hijos responsables
Es cierto que la herencia genética y el entorno social en el que crecemos son los factores primordiales que marcan nuestra personalidad. Sin embargo, el orden que ocupamos en nuestra familia con respecto a los hermanos también influye en nuestra manera de ser. Así, los primogénitos suelen ser líderes naturales y con frecuencia se sienten superiores. No en vano, han sido hijos únicos durante un tiempo.
En sus primeros años, pueden adoptar dos tipos de actitudes: o bien se muestran conformistas y protectores o bien pueden ser muy inquietos y comportase de forma agresiva.
Al crecer, sienten que son especiales y los responsables de mantener el bienestar y la tradición familiar. Y es que, consciente o inconscientemente, los padres siempre esperan grandes cosas de ellos, lo que les lleva a ser adultos responsables, perfeccionistas, detallistas, puntuales, organizados y competentes.
Esa aparente seguridad podría venirse abajo ante el nacimiento de un hermano, que puede hacerle adoptar actitudes egocéntricas. En estos celos estaría el origen del sentimiento de inferioridad que arrastran muchos en su edad adulta. De ahí la importancia de que los padres manejen la situación adecuadamente. Para ello, es conveniente aumentar el nivel de exigencia haciéndoles responsable de sus hermanos. También hay que potenciar los aspectos positivos de su personalidad, que pueden quedar encubiertos por una aparente introversión. También es importante enseñarles a ser flexibles para canalizar el perfeccionismo y recordarles que cometer un error no altera el amor tan grande, ni el concepto que sus padres tienen de él.
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