El reto de las nuevas familias

HIJOS | Chari | 18 Sep 2008 a las 15:55 | Imprimir el post  

La posibilidad de separarse y reemparejarse ha originado una nueva realidad familiar que desafía nuestros prejuicios, y en la que cada uno necesita encontrar su lugar con la ayuda de los otros.

El conepto de familia ya no es lo que era. Ahora los niños tienen hermanos por parte del padre, por parte de la madre, por parte de la segunda pareja del padre, sobrinos que son hijos de medios hermanos y hermanastros con quienes no tienen lazos sanguíneos pero sí convivencia fraterna. Madrastras que no se parecen en nada a las brujas de los cuentos y padrastros a quienes aman y a veces pierden después del último divorcio de la madre. Ya no podemos organizar el “quién es quién” en estos nuevos rompecabezas familiares según los lazos de parentesco, sino según los vínculos afectivos que queramos establecer.

Para los niños, estas cosas suelen ser sencillas. No tienen problema en amar a dos, tres o veinte personas. En cambio, quienes tenemos problemas somos los adultos, a quienes nos resulta más complejo aceptar y amar a los hijos de nuestra pareja. Cuando asumamos el compromiso de convivir con hijos ajenos, los dos miembros de la pareja tendremos que ser muy claros sobre qué estamos dispuestos a ofrecer y qué espacio de libertad otorgamos al otro para ocuparse de sus hijos, especialmente si no tenemos hijos propios.

FAMILIAS VITALES
Reconstituir una familia no se basa solo en el amor pasional que puede existir entre un hombre y una mujer. Cuando tenemos hijos, planear el futuro en común también les incluye, y eso requiere mucha paciencia y sobre todo diálogo. Los adultos tenemos que cultivar el amor hacia los niños que no son propios, si pretendemos que aprendan a convivir y a ser respetuosos y solidarios con sus hermanos de sangre o de vida.
Por el contrario, si dividimos el territorio entre “los tuyos” y “los mios”, el pronóstico es complicado. En esos casos es mejor no convivir, para evitar que los hijos se conviertan en rehenes de nuestras disputas.

La buena noticia es que en estas nuevas familias circula mucha energía, ya que están compuestas por niños de edades diferentes que viven algunos días en casa de la madre y otros en la del padre, y comparten tiempo con unos y otros a la vez que intercambian sus experiencias. Un excelente modo de dejar los prejuicios a un lado.

Laura Gutman, (terapeuta familiar)

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